· Duelo
El día que volví a creer en la vida
La historia de mi catarsis y de cómo volví a elegir la vida.

Mi iniciación no fue el día que quedé embarazada ni cuando día a luz. Fue el día que decidí volver a creer en la vida.
Hace unas semanas escribí sobre Pentecostés y sobre el fuego.
Pero mientras terminaba esa carta me di cuenta de algo.
No era la primera vez que el fuego aparecía en mi vida.
Y quizás tampoco fue la más importante.
Y creo que hubo un momento en mi vida donde entendí eso de verdad.
Habían pasado dos años desde que mi mamá murió.
También habían pasado dos pérdidas.
Y aun así, había días en los que sentía que seguía viviendo dentro de ellas.
Tenía 35 años.
Y sentía el tiempo en todas partes.
Como si el cuerpo, la edad y la vida entera me estuvieran empujando a decidir.
Ahora o nunca.
Pero yo estaba agotada.
Mi ginecóloga me decía que esperara.
Que no había prisa.
Y una parte de mí quería creerle.
Quería sentir que todavía tenía tiempo.
Que podía respirar.
Que mi cuerpo podía volver a ser mío otra vez.
Había días en los que quería volver a intentarlo.
Y otros en los que pensaba que no sobreviviría otro dolor.
No quería vivir con esa duda.
Pero tampoco sabía cómo volver a abrirme a algo que me había roto tantas veces.
En medio de toda esa confusión fui a ver a una doctora de medicina funcional que me había acompañado durante mis pérdidas.
“yo lo intentaría ahora”.
La miré raro.
Pero por alguna razón sentí que estaba respondiendo una pregunta que yo todavía no me atrevía a hacer.
Y aunque en ese momento no le di demasiada importancia, sus palabras se quedaron conmigo.
Poco un día después fui a ver a mi quiropráctica.
Ella había estado conmigo en algunos de los momentos más difíciles de mi vida.
Y de alguna manera, cada vez que salía de su consulta, algo encontraba su lugar.
Ese día le hablé de mis dudas, de mi agotamiento y de no saber si todavía quería volver a abrir esa puerta.
No recuerdo exactamente qué me dijo. Pero sí recuerdo cómo salí de ahí.
Decidida.
Y justo cuando salí empezó una tormenta de esas donde parece que el cielo entero se está partiendo.
Me quedé sola en el carro y grité.
Grité como nunca había gritado en mi vida.
Hasta quedarme sin aire.
Hasta quedarme sin voz.
Hasta que ya no supe si estaba llorando por ese día o por todos los años anteriores.
Grité la rabia que llevaba años guardando.
La sensación de que mi cuerpo me había abandonado cuando más lo necesitaba.
La culpa de no haber podido darle una hermana a mi hijo.
Y el miedo de volver a pasar por todo otra vez.
Y entonces pasó algo que hasta hoy me cuesta explicar.
Cerré los ojos y vi fuego salir de mi boca. Fuego. Literalmente fuego.
Y con ese fuego salió algo más.
No sabría decir qué.
Solo recuerdo quedarme ahí.
Escuchando la lluvia golpear el techo del carro.
Respirando.
Por primera vez en mucho tiempo.
No sé qué fue. No sé si era el Espíritu Santo, si era mi cuerpo soltando años de dolor o si era simplemente una catarsis. Como si algo viejo finalmente estuviera saliendo de mí para dejar espacio a una nueva vida.
Pero sí sé cómo se sintió.
Había pasado años intentando sobrevivir.
Apretando.
Resistiéndome.
Haciendo fuerza.
Pero aquel día de la tormenta cuando algo en mí dejó de apretar.
Dejó de empujar.
Dejó de exigir respuestas.
Y creo que ahí estuvo mi verdadera iniciación.
No el día que quedé embarazada de Kiara.
Ni siquiera el día del nacimiento soñado de Kiara.

El día que decidí que no quería seguir viviendo desde el miedo. El día que decidí volver a abrirme a la posibilidad del Amor, de perder, de sufrir… y aun así elegir la vida otra vez.
Porque no toda tierra féril está lista para sembrar.
A veces la preparación ocurre bajo la superficie.
En silencio.
Antes de que aparezca la cosecha.
Y creo que ahí estuvo mi verdadera iniciación.
Esa misma noche llegué a mi casa y le dije a mi esposo que quería volver a intentarlo. Una semana antes le había dicho que no quería tener más hijos. Pero algo había cambiado.
Esa noche salimos a bailar. Nunca salíamos a bailar. Y poco tiempo después llegó Kiara.
Desde entonces he pensado muchas veces en el fuego. En cómo aparece en distintos momentos de mi vida. Cuando mi mamá murió. Cuando sentí que ya no podía más. Cuando decidí volver a abrirme a la vida.
Y quizás por eso, cada vez que algo nuevo está por comenzar en mí, primero aparece el fuego.
Y quizás por eso,cada vez que tengo que lanzarme hacia algo nuevo,vuelvo a pensar en ese momento.
Porque mi vida no cambió el día que todo salió bien.
Cambió el día que decidí volver a creer aunque todavía tenía miedo.
El día que dejé de exigir respuestas.
El día que dejé de cargar el mundo sobre mis hombros.
El día que cambié el esfuerzo por la confianza..
El día que le permití a la vida hacer también su parte.
Y desde entonces no puedo evitar preguntarme lo mismo cada vez que la vida me invita a comenzar de nuevo.
¿Qué está intentando nacer en tu vida?
¿Y qué pasaría si, en lugar de esforzarte más, te permitieras expandirte?
— Karinna


